El método

Existe en todas mis clases una línea conductora, que es el método específico desarrollado para el aprendizaje de los instrumentos de arco. 

Partimos de la premisa de que cualquier persona puede tocar el violín (o la viola o el violoncello). No hay limitaciones físicas ni de conocimiento que lo impidan, por lo que es sumamente importante abordar la primera etapa, fundamentalmente, de una manera que motive al alumno a superar las dificultades naturales que ofrece el instrumento, y lo ayude a liberar y desarrollar sus habilidades creativas y de improvisación.

No existen metas fijas a las que arribar, cada alumno avanza a su propia velocidad, y puede encontrar en las clases un lugar que se ajuste a su dominio técnico, gracias a las obras cortas especialmente compuestas para cada etapa del aprendizaje. De esta manera, se abordan las clases desde la experiencia de hacer música desde el día uno, con el manejo de los elementos técnicos más básicos, y avanzando progresivamente. Cada composición tiene partes ideadas para diferentes etapas del desarrollo, trabajando primero con pistas para la práctica, y más adelante conformando una dinámica de ensamble o cuarteto de cuerdas.

Una de las características fundamentales de este método de enseñanza tiene que ver con la importancia que se le da al cuerpo como vehículo de la música. En todas las clases, durante algunos minutos, se trabaja sobre él, sobre su relajación, la conciencia sobre el mismo y sobre nuestra respiración. Es una forma de conectar con el momento presente, hacer silencio unos momentos, bajar las tensiones y ansiedades del día antes de comenzar la práctica. También trabajamos algunos ejercicios puntuales de “gimnasia yóguica” que ayudan a trabajar músculos y articulaciones específicos que se usarán luego en la ejecución del instrumento.

Estos ejercicios sobre el cuerpo, combinados con algunos otros que se realizan ya con el instrumento, pueden repetirse en diferentes momentos de la clase, para favorecer la concentración y el descanso.

Por último, como característica final del método puedo mencionar el uso de simuladores para el trabajo sobre la postura, previo al trabajo sobre el instrumento. Estos simuladores son aparatos de madera que simulan un arco y un violín, y tienen la finalidad de introducir al alumno a la postura específica que se necesita, a la toma del arco y del violín, y permitirle ejercitar los movimientos sin sonido, aprendiendo los recorridos que brazos, muñecas y manos deberán hacer luego, sin lidiar con el ruido del instrumento mal ejecutado. Los simuladores se utilizan solamente durante algunos minutos al comienzo de la clase, luego de la entrada en calor, y durante las primeras clases únicamente.